Hay un número que los líderes de tecnología bancaria conocen bien pero prefieren no mencionar en voz alta: USD 57.000 millones. Eso es lo que IDC proyecta que perderán los bancos globalmente para 2028 como consecuencia directa de mantener sistemas legados que no están en condiciones de soportar las demandas del negocio digital.
En Argentina, el 75% de las operaciones bancarias ya son digitales (BCRA, 2024). Los clientes hacen transferencias, pagan servicios y abren cuentas desde el teléfono. Pero lo que el cliente ve como una experiencia digital fluida a menudo corre sobre un sistema de 30 años de antigüedad, con capas de parches y workarounds que nadie se anima a tocar porque nadie sabe exactamente qué va a pasar si lo hacen.
El problema real: no es el sistema legado, es la dependencia
Tener un sistema legado no es el problema. El problema es cuando ese sistema es el único que puede responder ciertas preguntas de negocio, cuando modificar ese sistema requiere meses de trabajo y cuando cada nuevo producto o servicio digital tiene que construirse a su alrededor en lugar de sobre él.
Esa dependencia tiene un costo directo: time-to-market más largo, costos de mantenimiento crecientes, dificultad para integrar con fintechs y con las plataformas que los clientes ya usan. El 60% de los líderes bancarios identifica a las fintechs como una amenaza creciente (Cornerstone Advisors, 2025). Y tienen razón: las fintechs no tienen ese peso histórico.
Modernizar sin detener la operación
La respuesta no es apagar el sistema legado y encender uno nuevo. Eso no existe en la banca real. La respuesta es la modernización progresiva: identificar qué capacidades del legado pueden migrarse a arquitecturas modernas sin interrumpir la operación, desacoplar la lógica de negocio de la infraestructura histórica, y construir la nueva capa sobre contenedores y APIs que permitan la integración con el ecosistema digital.
Es un camino que requiere experiencia en los dos extremos: conocer los sistemas heredados (COBOL, mainframe, bases de datos propietarias) y dominar las arquitecturas modernas (microservicios, contenedores, DevOps). En América Virtual tenemos esa combinación poco común. Trabajamos con Banco Nación, Banco Ciudad, el Banco Central de la República Argentina y Garantizar, y en cada caso el punto de partida fue el mismo: entender primero lo que existe antes de proponer lo que viene.
